A pocos kilómetros de Potes, el pequeño pueblo de Tama conserva una de las iglesias parroquiales tradicionales del valle de Liébana. La iglesia de San Salvador ha acompañado durante siglos la vida de esta comunidad rural y hoy forma parte del paisaje histórico que encuentra el peregrino en el tramo final del Camino Lebaniego.
Si cruzas el puente de Tama para descansar en los bancos situados en el otro extremo junto a la lápida (con esta inscripción: «Reynando Carlos IV se hizo este Puente a expensas del Bastón de Laredo. Año de 1792«), que recuerda la construcción del puente, puedes acercarte a visitar el exterior de esta iglesia (normalmente cerrada).
Situada en el centro del pueblo, la iglesia de San Salvador de Tama es un templo de origen antiguo vinculado a la historia religiosa del valle de Liébana y al entorno del Monasterio de Santo Toribio, destino final del Camino Lebaniego.
Aunque el edificio actual ha sido reformado a lo largo del tiempo, su origen se sitúa probablemente en la Edad Media, cuando los pequeños pueblos del valle comenzaron a organizar su vida alrededor de iglesias parroquiales dependientes de los centros monásticos de la zona.
Una iglesia rural del valle de Liébana
El templo presenta una arquitectura sencilla y funcional, característica de muchas iglesias rurales de Liébana:
- Nave única de planta rectangular.
- Muros de mampostería de piedra, propios de la arquitectura tradicional de la comarca.
- Torre campanario cuadrada, visible desde distintos puntos del valle.
- Cubierta a dos aguas con teja.
Como sucede con muchas iglesias de pequeños pueblos de montaña, la iglesia suele permanecer cerrada, aunque su presencia sigue siendo un elemento importante del paisaje y de la identidad del lugar.
Un punto del Camino Lebaniego antes de llegar a Potes
Para el peregrino que recorre el Camino Lebaniego, Tama aparece poco antes de llegar a Potes, cuando el camino se adentra definitivamente en el valle de Liébana.
En este tramo, el caminante comienza a percibir el ambiente histórico y espiritual que caracteriza a esta comarca, profundamente ligada al Monasterio de Santo Toribio y al culto al Lignum Crucis.
La iglesia de San Salvador recuerda esa larga tradición religiosa del valle, en la que cada pequeño pueblo contaba con su propio templo parroquial como centro de la vida comunitaria.









