Un camino con historia

Portada » Un camino con historia

Hacia el año 325, Santa Elena, madre del emperador Constantino, se traslada a Jerusalén con el fin de recuperar los principales lugares relacionados con la vida de Jesús para la devoción de los cristianos. Así, en el lugar del Santo Sepulcro y de la Resurrección, en la cueva del Nacimiento en Belén o en el huerto de los Olivos, entre otros, se construyen oratorios e iglesias que reciben peregrinos de todos los lugares del Imperio.

En este contexto, la tradición atribuye a Santa Elena el descubrimiento de la Cruz de Cristo y su fragmentación en tres partes de modo que estuviesen en Roma, Constantinopla y Jerusalén. A finales del siglo IV, la reliquia conservada en la iglesia del Santo Sepulcro en Tierra Santa ya tuvo que ser recubierta para impedir que los fieles que la besaban aprovechasen para morderla y llevarse pequeñas astillas. Según la tradición, es Santo Toribio, obispo de Astorga, quien hacia el siglo V, tras peregrinar a Jerusalén y estar cerca de las reliquias, pide permiso para salvaguardarlas ante los diferentes conflictos que se suceden en la zona. A su regreso trae consigo algunas, entre ellas se encontraba el brazo izquierdo de la Santa Cruz.

Se cree que tras producirse la invasión musulmana del año 711, cristianos que huyen hacia la zona lebaniega, trasladan el cuerpo del Obispo y las reliquias que este había traído de Jerusalén al monasterio de San Martín de Turieno, que ya había sido fundado en Liébana y que en el siglo XII cambiará su denominación en honor a San Martín de Tours por la de Santo Toribio. El origen del monasterio es incierto. Una tradición indica que es el propio Toribio de Astorga quien lo funda y deposita en él el Lignum Crucis.

Otra, la más extendida, data su fundación en el siglo VI, cuando Santo Toribio de Palencia, con cinco compañeros, llega a los parajes solitarios del monte La Viorna para hacer una vida monástica. En todo caso el monasterio de Santo Toribio de Liébana es uno de los más antiguos de España, probablemente de mediados del siglo VIII, en el reinado de Alfonso I, ya que la primera mención documental data del año 828 y nos presenta un monasterio asentado y en plena expansión por la comarca.

Una comarca que se comunica con León y Palencia, de cuyas diócesis dependía, y que, además, mantenía una estrecha relación con Oviedo. Por este motivo los caminos desde Castilla son muy transitados y por ellos se introducen nuevas costumbres, modas y tendencias artísticas. Estas vías de acceso a Liébana son antiguas vías romanas que en la etapa medieval se mantienen acondicionadas y equipadas con nuevos puentes y ramales que conectan recientes poblaciones y monasterios. Hacia el mar, se transitan los caminos cercanos al río Deva para salir al valle de Lamasón y el valle del Nansa hasta la ría de Tina Menor o San Vicente de la Barquera.

El eje de la vida cultural, religiosa e incluso económica y social de esta zona montañosa durante gran parte de la Edad Media es el monasterio de Santo Toribio, que, al conservar importantes reliquias a las que se otorgaba poderes curativos y milagrosos, atraerá peregrinos, que, en ocasiones se desvían de las rutas jacobeas para visitarlo.

El auge de la peregrinación a este monasterio es tal que el 23 de septiembre de 1512, el papa Julio II emite la bula que le otorga el privilegio de celebrar el Jubileo. Esta gracia significa que se concede la indulgencia plenaria el día en que la festividad de Santo Toribio (16 de abril) coincide en domingo, ampliándose el perdón a los siete días siguientes a la fiesta. Esta bula es ratificada por el papa León X y en el año 1967, el papa Pablo VI extiende el privilegio de ganar el Jubileo a todos los días del año en que suceda dicha coincidencia.

En esos años para obtener la “gracia jubilar”, es decir, la indulgencia plenaria o absolución de la pena que conllevan los pecados, se pide a los peregrinos una vez llegados al monasterio:

  • Atravesar la Puerta del Perdón (como gesto de cambio y renovación interior).
  • Confesión sacramental (manifestación del deseo de no pecar más).
  • Asistir a la Misa del Peregrino y comulgar.

Durante la misa se reza el Padrenuestro (como signo de que volvemos al Padre Dios), el Credo (como renovación de nuestra fe) y una oración por el Papa. Esta misa se celebra todos los días a las 12:00 horas a lo largo del Año Jubilar. La confesión y la comunión se pueden realizar en el mismo día o en una fecha próxima (15 días antes o después de la peregrinación).

Más información
Contenido relacionado

Centros de salud y hospitales

El Jubileo